Fueron en su momento dado percepciones, y pueden volver a ser conscientes.
Aquello que no siendo un sentimiento quiere devenir consciente, y desde el interior tiene que intentar transformarse en percepciones exteriores. Lo de dentro se convierte en percepción exterior.
Todo recuerdo, aún el más vivo, puede ser distinguido siempre, tanto de la alucinación como de la percepción exterior.
La alucinación no se diferencia de la percepción.
La percepción exterior se relaciona con el Yo.
El Yo no se relaciona con la percepción interior.
La experiencia nos muestra luego que un elemento psíquico (por ejemplo, una percepción) no es, por lo general, duramente consciente.
La percepción interna rinde sensaciones de procesos que se desarrollan en los diversos estratos del aparato anímico, incluso en los más profundos.
Todo conocimiento procede de la percepción externa.
La percepción es para el Yo lo que para el Ello el instinto.
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