Suponemos en todo individuo una organización coherente de sus procesos psíquicos, a la que consideramos como su Yo.
Este Yo integra la conciencia.
El Yo domina el acceso a la motilidad; esto es, la descarga de las excitaciones en el mundo exterior. Las descargas de las excitaciones en el mundo exterior se dan por la motilidad.
Es la que adormecida durante la noche, ejerce a través de toda ella la censura onírica.
Parten también las represiones por medio de las cuales han de quedar excluidas no solo de la conciencia, sino también de las demás formas de eficiencia y actividad de determinadas tendencias anímicas.
Los elementos, excluidos por la represión, se sitúan frente al Yo en el análisis.
Se suprimen las resistencias que el Yo opone a todo contacto con lo reprimido.
En el Yo hay también algo inconsciente.
Algo que se conduce idénticamente a lo reprimido.
El Yo es coherente.
Lo reprimido se disocia del Yo.
Una parte del Yo puede ser inconsciente.
El Yo también puede ser inconsciente.
Este inconsciente del Yo no es latente, en el sentido de lo preconsciente.
La percepción exterior se relaciona con el Yo.
El Yo no se relaciona con la percepción interior.
Suponemos en todo individuo una organización coherente de sus procesos psíquicos, a la consideramos como su Yo.
Groddeck, nuestro Yo se conduce en la vida pasivamente, y que en vez de vivir, somos “vividos” por poderes ignotos e invencibles. Propongo ponerle el nombre de Yo al ente que emana del sistema Preconsciente.
Un individuo es ahora, para nosotros, un Ello psíquico desconocido e inconsciente, en cuya superficie aparece el Yo, que se ha desarrollado partiendo del sistema Preconsciente, su nódulo.
El Yo no envuelve por completo al Ello, sino que se limita a ocupar una parte de su superficie.
El Ello confluye con el Yo, en su parte inferior. Están juntos.
Lo reprimido concluye con el Ello hasta el punto de no constituir sino una parte de él. En cambio, se halla separado del Yo por las resistencias de la represión, y sólo comunica con él a través del Ello.
Lleva el Yo, en uno solo de sus lados, un “receptor acústico”.
Fácilmente se ve que el Yo es una parte del Ello modificada por la influencia del mundo exterior, transmitido por el Preconsciente - consciente.
El Yo se esfuerza en transmitir a su vez al Ello dicha influencia del mundo exterior y aspira a sustituir el principio de placer que reina sin restricciones en el Ello, por el principio de realidad.
El Yo emana del sistema preconsciente.
El Yo también es inconsciente.
Este inconsciente del Yo no es latente en el sentido de lo preconsciente.
La percepción es para el Yo lo que para el Ello el instinto.